Las enfermedades tiroideas son comunes y pueden afectar a personas de todas las edades. Entre otras están las siguientes:
Hipotiroidismo:
La glándula tiroides produce poca hormona tiroidea, lo que ralentiza el metabolismo. Puede ser causado por enfermedades autoinmunes (como la tiroiditis de Hashimoto o tiroiditis crónica), por déficit de yodo, por la extirpación quirúrgica previa de todo o de parte del tiroides o por un tratamiento previo yodo radiactivo (I131). Sus síntomas son inespecíficos (pueden para estar presentes por otras causas) y entre ellos se encuentran: cansancio, falta de energía, somnolencia, aumento de peso, piel seca, caída del cabello, intolerancia al frío, estreñimiento y depresión entre otros. Tiene tratamiento médico eficaz
Hipertiroidismo:
La glándula tiroides produce demasiada hormona tiroidea y por ello se acelera el metabolismo. Puede ser por una enfermedad de origen autoinmune (enfermedad de Graves), por nódulos tiroideos hiperactivos o bocio multinodular tóxico. Produce pérdida de peso, nerviosismo, palpitaciones, sudoración, intolerancia al calor, temblores, alteración del sueño y cambios del ritmo intestinal. En algunas ocasiones puede producir lesiones cutáneas y cambios oculares de severidad variable. El hipertiroidismo tiene tratamiento médico que a veces puede ser curativo pero en algunas ocasiones puede ser preciso tratamiento con yodo radiactivo o tratamiento quirúrgico.
Tiroiditis:
Además de los tiroiditis crónica puede haber otras formas de tiroiditis entre ellas: la tiroiditis post-parto, la subaguda generalmente producida por virus y que puede cursar de forma silente (sin síntomas) o con síntomas floridos, la tiroiditis inducida por iodo y la tiroiditis aguda causada por infecciones bacterianas. Todas ellas pueden cursar con dolor de intensidad variable en el cuello y síntomas de hiper o hipotiroidismo en general transitorios. Requieren tratamiento médico y evolucionan en general a la recuperación completa.
Nódulos tiroideos:
Son bultos de tamaño variable, desde unos milímetros a varios centímetros, que se desarrollan en el tiroides. Algunos son quistes con contenido líquido), otras veces son sólidos y a veces son mixtos. Pueden detectarse de forma casual durante una consulta médica o una exploración radiológica o ecográfica por otro motivo. En otras ocasiones el propio paciente o su familia lo puede identificar mediante la vista o mediante la palpación del cuello. No suelen causar síntomas pero cuando son grandes pueden producir dificultades para tragar, cambios en la voz o dolor local. En la mayoría de las ocasiones son lesiones benignas pero con frecuencia es necesario realizar estudios complementarios (punción) para descartar la presencia de un cáncer de tiroides. Frecuentemente precisan de seguimiento regular.